domingo, 20 de enero de 2008

Sobre abortistas y otras fieras del bosque

En las pasadas semanas ha habido mucha polémica en España en torno al aborto y la forma como se practica en clínicas privadas. La ley 9/1985 despenaliza el aborto en España bajo ciertas condiciones:

- Para evitar graves daños físicos o psicológicos a la madre.

- Cuando el embarazo es resultado de una violación denunciada y dentro de las 12 primeras semanas.

- Si se presume que el feto va a nacer con graves taras físicas o psíquicas y dentro de las primeras 22 semanas.

Todos los estudios médicos indican que antes de la semana 22 no hay actividad neural, y que la misma no es continua antes de la semana 24. También los estudios coinciden en que antes de la semana 26 no hay evidencias de que el feto pueda sentir dolor. Hasta la semana 12, ni siquiera se considera a la criatura como feto, sino como embrión.

No cabe duda que el aborto es un tema polémico y que cualquier legislación debería apoyarse en las bases más firmes, tanto cientíicas como jurídicas. El primer punto que hay que tener en cuenta es que la libertad de uno termina donde comienza el derecho de los demás. Una consecuecia de esto es que si no hay "los demás", tapoco puede haber restricciones a las libertades del "uno".

El "otro", cuyos derechos deben ser contrapesados a la libertad de elección de la madre, es el feto. Las sociedades con una concepción de la vida fuertemente religiosa suelen atribuirle a los neonatos caracter de persona desde muy temprano. Mi concepto, mucho más pragmático, es que el ser nonato debe considerarse un individuo con derechos desde el momento en que tiene actividad neural.

Pero incluso siendo más conservadores, yo estaría dispuesto a aceptar que el feto es una criatura con derechos antes de que podamos considerarlo un individuo humano.

En esos términos, yo estaría a favor de una ley de pazos, que permitiera el aborto voluntario hasta la semana 12, y el aborto terapéutico hasta la semana 22.

miércoles, 2 de enero de 2008

¿A quién le toca responder?

¡Este país está loco! Ya les cuento por qué.

El pasado 30 de diciembre los obispos de la iglesia católica española convocaron una manifestación contra la ley que permite el matrimonio entre personas del mismo sexo en España. Ayer, 2 de enero, el PSOE aremetió contra el obsipado acusándolos de antedemocráticos.

La primera locura es que la iglesia arremeta contra una ley. En un estado secular, la iglesia no tiene porque arremeter contra ninguna ley. Crear, postular, criticar, modificar y derogar leyes es un trabajo de los legisladores, que en el fondo son las fuerzas políticas del país. Los partidos, para que quede más claro.

La segunda locura es que el PSOE, valga decir, el partido político que gobierna, salga a dar respuesta a la iglesia. No es a los partidos políticos a quienes les corresponde responder a este ataque, sino al colectivo que se ve afectado por la afrenta, que, tristemente, tienen poca fuerza de opinión en España.

El año pasado se convocó la manifestación del Orgullo Gay (Europride) en Madrid. Fue una manifestación multitudinaria. Si los obispos casi llenan la Plaza de Colón, el Europride llenó varias manzanas de Gran Vía y la Calle Princesa. La manifestación fue contundente. ¿Por qué razón, entonces, esos colectivos no son capaces de articular una respuesta adecuada para los ataques de la iglesia? Posiblemente, porque es una comunidad más ganada para la fiesta que para la participación ciudadana.

Después de leer los manifiestos del 30 de diciembre y quitar toda la paja sobre las visitas del papa y la necesidad de la fe y el amor cristiano, lo que queda en el discurso de la iglesia es lo siguiente: "señores, matrimonio es entre un hombre y una mujer".

¡Estoy de acuerdo! Estoy de acuerdo con eso, y con prohibir a los zurdos escribir con la mano izquierda, y que los minusválidos no salgan a la calle, y que las personas con visión limitada se queden en su casa a escuchar la radio. Por si no se nota, estaba siendo sarcástico.

Quienes son homosexuales están en una posición similar a la de los zurdos: hay una componente congénita muy alta, modulada por factores sociales. Hace cincuenta años se le ataba la mano izquierda a los zurdos en la espalda para obligarlos a desarrollar el uso de la derecha, porque la izquierda se consideraba la mano del diablo, siniestra.

Hoy en día, la iglesia, apoyada por algunos psicólogos, pretenden hacer lo mismo con la sexualidad: atar el impulso propio de la persona para que desarrolle destrezas que no le son innatas, reformar la sexualidad para que aquellas personas que por si mismas preferirían expresarla con alguien de su mismo sexo, aprendan a hacerlo con alguien del sexo contrario. Eso es tan absurdo, falto de fundamento e inútil como atarle la mano izquierda a los zurdos.

Desde el año 2005, la ley española consagra el derecho de las personas del mismo sexo se unan en matrimonio. ¿En qué afecta esto a la iglesia? A primera vista diría uno: ¡En nada! Que dos personas del mismo sexo se unan en matrimonio afecta, principalmente, a los contrayentes: surgen del acto civil una serie de derechos y deberes entre ellos que no existirían en otra situación legal. Afecta, en segundo lugar, a la comunidad, en la medida en que dos personas que antes actuaban como individuos frente a la comunidad, pasan a tener ambos, como pareja, deberes y derechos frente a la comunidad. Estos deberes y derechos tienen que ver con aspectos formales, civiles, tributarios, etc.

No puede achacársele a la unión entre dos personas del mismo sexo perjudicar los derechos de nadie, mucho menos los de la familia cristiana. Este tipo de uniones no va a causar que otras personas se vuelvan gays, ni hará que parejas heterosexuales se divorcien, ni causará que alguien que cree en el Dios de los cristianos deje de creer en él.

¿Por qué, entonces, la iglesia arremete contra el matrimonio homosexual? Lo hace por fundamentalismo. La homosxualidad entraña un peligro antropológico gravísimo: la extinción de un grupo humano, o de la especie. Cuando una comunidad humana no sobrepasa unos pocos miles de individuos, es necesario que todos participen en la procreación y aporten al fondo común de genes para aumentar la diversidad. Por esto las antiguas religiones y las culturas primitivas sancionan la conducta puramente homosexual. ¡Por supuesto que en el caso de las sociedades occidentales ambos peligros son sumamente improbables! Las razones antropológicas contra la homosexualidad no tienen ningún sentido. Sin embargo, el fundamentalismo religioso continúa la cruzada.

También lo hace por ansias de poder. La iglesia tiene muchos años luchando contra la homosexualidad y no puede dejar de hacerlo de un día para otro. Bajar esa bandera es equivalente a admitir una derrota. La iglesia necesita feligresía, y en especial, una feligresía con fé, obediente y caritativa, que tenga fé en todo lo que se le dice, obedezca todo lo que se le ordene y contribuya caritativamente con el dinero que sostiene el status quo episcopal.

En la medida en que la sociedad evoluciona y se hace más plural, más tolerante, más informada y más inteligente, la iglesia pierde poder.

La conclusión es que el acto del 30 de diciembre no fue un acto religioso, sino un acto planificadamente político. El ala política y secular de la iglesia (El PP) se beneficia con cualquier cosa que ataque al gobierno socialista del PSOE, pero se aparta y toma distancia para no perder votos con los homosexuales, y la iglesia da una demostración pública de fuerza y se afianza en el status quo.

Lo apropiado sería que la FELGT, el COGAM o algún colectivo homosexual convocara una manifestación y leyera unos comunicados en respuesta a los actos del episcopado, pero ya sabemos que eso no va a pasar... ¡a menos que haya fiesta en Chueca!