
Mashhad, corre el mes de mayo de 2006. M y A son dos muchachos normales, o casi normales de 14 y 16 años... como todos los muchachos de su edad, se enamoran. La diferencia es que mientras otros chicos se enamoran de chicas, ellos se han enamorado el uno del otro.
Descubiertos por la policía, son detenidos, encarcelados durante 14 meses, juzgados y condenados, ya que en Irán, las relaciones homosexuales son un delito. Su condena, morir en la horca. Fueron ejecutados el 19 de julio pasado.
Como liberal, estoy en contra de la pena de muerte. La pena de muerte es una vergüenza para todos los involucrados: los jueces, el sistema penitenciario, el Estado, los legisladores y la misma sociedad.
La apatía internacional también es una vergüenza. Ya sabemos que Estados Unidos quiere echarle mano a Irán, pero no por la violación de los derechos humanos, sino por el petróleo, y en segundo lugar, por la amenaza que significa que un Estado Islámico tenga en sus manos arsenal nuclear.
¡El problema es que los mismos Estados Unidos también practican la pena de muerte, y también son una vergüenza!
Una vez que la vida humana comienza, los Estados y la misma sociedad debería hacer todo cuanto sea posible para preservarla, siempre respetando el derecho del individuo a tomar decisiones sobre su propia vida.
Me opongo radical y absolutamente a la pena de muerte, sea cual sea el delito y sea cual sea el grado de verdad jurídica en torno al hecho.
En primer lugar, porque los sistemas judiciales son falibles. Quienes juzgan y quienes castigan son los hombres, no son entidades abstractas. Esa abstracción muy norteamericana de pensar que es el Estado quien ejecuta a los reos es una jilipollez. Lo ejecutan los verdugos, a instancias y siguiendo órdenes de los jueces, quienes a su vez se acogen a lo que un grupo de personas denominadas "jurado" dictaminen. En todos, absolutamente todos los pasos de la ejecución intervienen humanos, y como todos sabemos, los humanos son falibres y sus decisiones son poco más acertadas que las de los primates superiores.
En segundo lugar porque para mi el respeto a la vida está por encima del principio de la justicia, y por mucho. Además, el principio de proporcionalidad de la pena nos dice que la pena debe ser proporcional al daño causado, pero NO POR ELLO SER IGUAL AL DAÑO CAUSADO, eso sería la ley del talión: ojo por ojo, diente por diente. El objetivo de la pena debe ser SIEMPRE causar la reeducación del individuo y su reinseción en la sociedad. Ya sabemos que hay individuos disfuncionales que no son reeducables ni reinsertables. En esos casos, la pena tendría que ser el tratamiento de una patología crónica y mantenerlos aislados de tal forma que no puedan causar más daño, pero eso NO es tarea del sistema penitenciario, sino del sistema de salud, y estos casos deberían ser tratados de forma especial.
La vida de un ser humano es irremplazable y no existe indemnización posible para nadie cuando se extermina injustamente a una persona, tanto más si esa persona, en primer lugar, es un adolescente, y en segundo lugar, comete acciones que difícilmente podrían calificarse de delito, a no ser que se le juzgue bajo la mirada abstrusa y radicalizada de una ley religiosa, que a la vez es la interpretación que un grupo de supraprimates ha hecho de textos que tienen mil cuatrocientos años encima (o dos mil, lo mismo vale para los cristianos) y que hoy en día se encuentran totalmente fuera de contexto.
¿Cómo decirles a quienes siguen la ley del Islam que yo respeto su derecho a creer lo que quieran y a practicar sus creencias, pero que NO tienen derecho a castigar a otros por no ajustarse a ellas? Sin querer justificar las atrocidades de la iglesia católica entre el siglo XI y XIII con las cruzadas, hace un poco de sentido que los estados occidentales tomaran las armas para evitar que los musulmanes impusieran un régimen totalitario y absurdo en Europa. La diferencia es que el mundo árabe medieval era justamente lo contrario: una cultura cosmopolita, tolerante y avanzada, en comparación con el oscurantismo medieval europeo.
Ya sabemos que las Naciones Unidas son un parapeto sin fuerza, sin ninguna capacidad de nada. No podemos esperar que las naciones unidas ejerza la mínima medida de presión para hacerle entender a los absolutistas islámicos que matar niños por ser homosexuales es una atrocidad, sobre todo cuando una buena parte de los países que conforman la ONU también tienen su cuotaparte de absolutismo radical, verbi gratia: ¡Un pastor baptista y un amish como precandidatos a la presidencia del país más poderoso del mundo?
Un tema que retomo cada vez que tengo oportunidad es el de la naturaleza de la ley. Las leyes no son abstractas y no obedecen a poderes sobrenaturales. Las leyes están hechas para dirimir las diferencias entre los supraprimates --quiero decir, los seres humanos. Es decir: establecer la línea donde terminan los derechos de uno y comienzan los de los demás. En el caso de dos chicos que, de forma privada y sin afectar a nadie, practican sexo entre ellos porque sienten deseos naturales, no hay tercero cuyos derechos se vean afectados, y en consecuencia, penar sus actos es una injusticia, una estupidez y una manifestación de los profundos temores que tienen las sociedades por el ejercicio de la sexualidad.
No soy un especialista en antropología, pero he observado que en las sociedades fuertemente patriarcales, el ejercicio del sexo (hetero u homosexual, en realidad no importa) está penado. En esto nos parecemos mucho a nuestros primos los primates. Un macho dominante ejerce el derecho a reproducirse, y si descubre a un macho joven copulando, simplemente lo mata. El control del sexo es el control del poder, y esto lo han sabido las religiones desde que el tiempo es tiempo.
Hoy me siento profundamente triste. Ya he manifestado muchas veces mi inconformidad con el mundo en que me tocó vivir. Hoy siento una profunda pena por los niños y jóvenes que son asesinados en los países islámicos. Piense usted que pudiera ser su amigo, su hermano o su hijo quien muriera en la horca, y no me diga que no, pensando que en su familia eso es imposible, porque en todas las familias hay un homosexual, sépalo usted o no lo sepa.
2 comentarios:
Esa es la triste realidad, el mundo esta cagado totalmente, ahora solo un "juicio final" lo podría salvar..porq ya no hay marcha atrás.
O tal vez dependa d nosotros las nuevas generaciones en tratar de revolucionar y mejorar las cosas, aunq lo veo un tanto difícil.
Muy bueno tu blog.
Besoss
Publicar un comentario