Hace un par de semanas, la Presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid hizo unas declaraciones públicas en las que invitaba a abrir un debate en el seno de su partido –el Partido Popular– en relación a su ideología; y dio a entender que el liderazgo actual del partido tiende a la socialdemocracia, mientras que ella es liberalista.
La social democracia, es una ideología política que no rechaza al capitalismo como modelo económico, aunque se distancia del liberalismo, estableciendo que es necesaria la intervención del Estado para “garantizar a los ciudadanos una debida protección social”.
En contraste, el liberalismo, es otra ideología que propone la no intervención del estado, ni en las relaciones comerciales de las personas, sean estas naturales o jurídicas, ni en las relaciones no comerciales de las personas y de los colectivos, pero sin dejar por fuera ciertas protecciones como la beneficencia pública, el así llamado en españa “paro” y las pensiones.
Por otra parte, la democracia cristiana es otra ideología que también defiende el modelo capitalista de la economía, pero dice que el deber del Estado es poteger a los más débiles, afianzándose en la virtud de la caridad. Además, la democracia cristiana promueve una serie de fundamentos éticos establecidos por la iglesia, en particular, la oposición al divorcio, al aborto y a las relaciones homosexuales.
A mí no me cabe la menor duda de que el Partido Popular está bastante lejos de la Socialdemocracia. Lo que sí me deja muchas dudas es si está realmente próximo al Liberalismo, o si más bien está cerca de la Democracia Cristiana.
Yo creo que hoy en día en la sociedad española no hay mucho lugar para discusiones sobre el tema del divorcio. La posibilidad de que un matrimonio se disuelva, por causas diversas incluyendo el mutuo acuerdo de las partes es una realidad tan categórica que nadie, en su sano juicio político, se atrevería a ir en contra de esa posibilidad legal. No es igual para el aborto y las relaciones homosexuales, y en estas dos materias el liderazgo rancio del Partido Popular ha dejado muy claro que su posición es la que tendría un partido demócrata cristiano, y no uno liberal.
Yo no soy politólogo. En consecuencia, yo no sé si al PP le conviene jugar al democristianismo, o al liberalismo, en términos de la cantidad de votos que puede conseguir para la próxima legislatura. Lo que yo sí sé es que en España no hay ningún partido verdaderamente Liberal, y eso me hace sentir un huérfano político. Yo soy Liberal, en especial en lo que respecta a la materia social. Creo en el individuo, en las libertades individuales y en la responsabilidad individual. Que cada quien haga lo que quiera, y se atenga a las consecuencias de sus actos.
También soy profundamente anti-religioso y en particular anticristiano. Si bien reconozco el papel de la iglesia como formadora de la moral, y admito la necesidad de que las sociedades tengan algunas instituciones que dicten lineamientos morales para las masas, la iglesia católica española, además de excesivamente poderosa, tiene la mala costumbre de entrometerse en política directamente.
Dicho esto, posiblemente queda suficientemente claro por qué a pesar de ser yo un liberal, hubiera votado por el PSOE en las pasadas elecciones generales, y por qué entusiasmé a mi pareja (que tiene nacionalidad española de origen) a que votara de esa forma.
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