sábado, 15 de septiembre de 2007

Educación para la Ciudadanía


A mi me impresiona ver cómo algunas personas usan argumentos efectistas para defender tesis políticas indefendibles. Por ejemplo, el caso de la nueva Ley de Educación y la materia Educación para la Ciudadanía.

Los grupos más reaccionarios de la sociedad española se oponen por todos los medios que tienen a su alcance -que no son pocos, dicho sea- para evitar que en las escuelas se dicte la materia de Educación para la Ciudadanía argumentando que coarta el derecho de los padres a educar a sus hijos siguiendo sus propios valores morales.

Soy un liberal, lo confieso, pero al mismo tiempo soy un moralista, o más bien, un eticista. Soy liberal en el sentido de creer profundamente en la libertado como valor esencial, en la capacidad y el derecho que tiene cada ser humano para elegir. Soy eticista porque creo que cada elección libre hecha por el hombre lleva consigo unas consecuencias, y la responsabilidad de enfrentarlas.

Dicho esto, a manera de aclaratoria y no como "disclaimer", voy a decir lo siguiente: Es verdad, ustedes como padre tienen todo el derecho de educar a sus hijos como les venga en gana, ¡Pero aténganse a las consecuencias!

Si yo tuviera la creencia -es decir, el valor moral, pues al fin y al cabo los valores morales no son otra cosa que creencias arraigadas en el espíritu del hombre- de que la raza latinoamericana es la raza perfecta, una raza superior destinada a prevalecer por encima del resto de las razas del mundo, tendría el derecho a inculcarle ese valor moral a mis hijos. Podría enseñarle a odiar a los blancos, los negros, los moros y los asiáticos. Podría enseñarles que está bien despreciarlos, que son escoria y que deben ser pisoteados, especialmente los blancos ibéricos, descendientes de los viles visigodos, con sus asquerosas pieles blancas, cabellos dorados y ojos claros. Es más, ¡Haríamos bien si extermináramos a los visigodos ibéricos! ¿Vale?

No, no vale. ¡A que no!

Si yo tuviera la idea de que la mejor forma de familia es la uniparental, o si yo pensara que toda mujer menor de 26 años que por desgracia quedase embarazada debiese abortar, simplemente porque las mujeres son estúpidas y antes de esa edad son incapaces de criar exitosamente un niño que algún día se convierta en un hombre de provecho, podría educar a mis hijos de esa manera. ¿Vale?

No, no vale. No vale porque, por encima de mi derecho a educar a mis hijos como me venga en gana está el deber de respetar los derechos de los demás, derechos consagrados en la Constitución Española. Por eso la Constitución habla primero de la igualdad, en el artículo 14 y después de la libertad, en los artículos 16 y 17.

No se puede tapar el sol con un dedo. El mundo actual es el mundo de la información. Las verdades científicas, por muy parciales, imperfectas e incompletas que sean, son los elementos estructurantes principales del ideario colectivo, del pensamiento común de la sociedad. No se puede negar que existe el aborto, ni que es una opción para quienes no desean procrear. No se puede negar que existen familias que no están conformadas por padre, madre e hijos, sino posiblemente por padre e hijos, madre e hijos, dos padres, dos madres, o vaya usted a saber qué otra extraña (por infrecuente) combinación.

No se puede negar que los muchachos tienen sexo, incluso antes de estar preparados para ello. Es más, tienen sexo antes de que sus padres estén preparados para que ellos tengan sexo (y es que en estos días eso no es raro), y además, los muchachos tienen sexo de formas y con personas diferentes a como se tenía sexo en España apenas treinta años atrás.

Entonces, ¿Tienen los padres ultraconservadores el derecho a educar a sus hijos sin que sepan que hay divorcio, homosexualidad, diversidad racial y aborto? ¿Tienen los padres el derecho a inculcar en sus hijos temores y odios contra personas de otras razas, otras nacionalidades, otras orientaciones sexuales u otras formas de concebir la vida? Yo creo que no. Eso sí, tienen derecho a dar ejemplo, a formar la estructura moral de sus hijos con su propio comportamiento: "Hijo, existe el divorcio, pero YO creo en el matrimonio y la fidelidad, y por eso jamás le he puesto los cuernos a tu madre", "Hijo, existe el aborto, pero yo jamás le pediría a la secretaria que dejé preñada en la oficina que abortara para evitarnos problemas", "Hijo, existen las drogas pero yo jamáaaaaas me he fumado un porro".

Como suele decir Emeterio Gómez en sus clases de ética: uno no es ético hasta que no se le presenta la oportunidad de no serlo. Si nunca has tenido la tentación, no puedes decir que eres ético. Eres ético si teniendo la oportunidad, eliges no hacer lo que consideras mal.

La sociedad española es extraña: al mismo tiempo progresista y retardataria. En el país donde nací la sociedad es mucho más homogénea, no hay extremismos de ningún tipo (o al menos no los había hasta que el dictador comunista que lo gobierna comenzó a sembrarlos) y la gente es normalmente tolerante. En contraste, la sociedad española es una sociedad de extremos. Extremos acartonados, rígidos y arbitrarios, que no entienden que alguien pueda ser al mismo tiempo republicano y defender la libertad de mercado (porque para ellos republicano es igual a rojo). La verdad es que la vida es mucho menos rígida y mucho menos acartonada, la sociedad evoluciona y los valores se renuevan, se comparten, mas no se imparten.

Mucho bien harían quienes objetan la Ley de Educación si en vez de oponerse jurídicamente y mediante el despliegue de la fuerza de los medios de comunicación, se dedicaran a enseñar con el ejemplo, no de manera hipócrita sino evidenciando en sus actos los valores que profieren.

1 comentario:

מאור dijo...

Hmm.. muy de acuerdo con lo de "tapar el sol con un dedo". Es una güevonada absoluta lo de inculcar unicamente tus particulares, ignorando ciertas realidades. Y si, la sociedad española tiene chispazos de avanzada brutales, más a veces que la québécoise, la belga (tanto la valona como la flamenca) y la holandesa, pero en otras ocasiones se echa unos frenazos de bicicleta que coño, parecen campesinos polacos ordeñando cabras! Es como que yo le enseñe a mi hijo que el cochino no existe ni es un animal comestible porque su carne es venenosa!

Y si, la raza latina es la mejor. Pa'muestra un botón :-D